Para las mentes más sensibles el concepto de sustentabilidad es muy fácil de entender en el mejor de sus significados, el cual deja de lado todo tipo de interés personal y se enfoca hacia el futuro. Hablando de ecología –a la cual, considero yo, le pertenece el mejor y más bello de los significados de sustentabilidad–, este concepto nos propone vivir de manera tal que no pongamos en riesgo nuestra integridad y la posibilidad de que generaciones futuras vivan dignamente. Nos recuerda que el presente no es solo nuestro, también le pertenece a los seres del futuro; si nosotros en este momento tenemos al menos la remota posibilidad de desarrollar una vida saludable, con un capital natural básico, como lo son el agua, un aire sano y alimentos, ¿Porqué nuestros hijos, nietos y todas las especies que habitan este planeta no podrán tener acceso a este capital natural vital en el futuro? ¿Acaso nuestras necesidades presentes, las inmediatas –la mayoría falsas y antisociales– son tan valiosas e imprescindibles que somos capases de renunciar a las necesidades que tendremos en el futuro? No estamos solos en la Tierra y la naturaleza tiene un limite, no podemos andar por hay cavando hoyos sin preguntarnos a donde iremos a parar o cuando nos detendremos, nuestro bienestar individual e instantáneo no es lo único importante, vienen más personas, pájaros, peces, reptiles, mamíferos, insectos y plantas detrás de nosotros, y ellos también merecen vivir dignamente. La sustentabilidad es nuestra herramienta para asegurar un futuro al menos vivible, y en lo posible mejor.
Éste concepto, tan valioso y prometedor, se hizo popular en 1987, cuando fue publicado un informe por la Comisión Mundial Sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas* denominado “Nuestro futuro común”, en el cual se expresó la urgente necesidad de hacer cambios políticos para mejorar las condiciones presentes y futuras de la humanidad. En este informe, básicamente, hizo un serio llamado a los países del mundo e instituciones en general para que intentasen acabar con la condición de pobreza de muchas personas, y propusieron por supuesto, que esto se lograría con un “desarrollo sustentable”, el cual consiste en un buen aprovechamiento de los recursos naturales mediante la implementación de nuevas tecnologías, el aumento de los bienes materiales de los pobres mediante una adecuada repartición de los recursos naturales, y el crecimiento económico más rápido de los países en desarrollo a partir de mayores inversiones internacionales, la eliminación de barreras comerciales y una mayor intervención de las trasnacionales en los países en desarrollo; todo esto bajo la excusa de que “la diversificación y el crecimiento económico… ayudaran a mitigar las presiones sobre el medio ambiente rural”.
Pero viniendo a nuestro contexto actual, se hace evidente una sombría relación entre estas palabras y el modo en que operan y nos seducen las transnacionales y multinacionales, y sobre todo, el modelo de desarrollo que intentan alcanzar los países del tercer mundo y la metodología que implementaran. “Nuestro futuro común” se convirtió en la excusa y el discurso perfectos para justificar y defender las ideas expansionistas. El concepto fue calculadoramente entendido, la sustentabilidad se vio manchada por los intereses individuales y egoístas de miles de empresarios, y la posibilidad de un futuro verde, saludable, pacifico, equitativo y ecológicamente eficiente, se convirtió en una mera estrategia de ventas y posicionamiento en el mercado, una absoluta mentira, bien oculta detrás de discursos buen fundamentados en “Nuestro futuro común” y la promesa de la sustentabilidad.
Nos dicen que todo será perfecto, que las inversiones en nuestro territorio serán un impulso grandísimo para mejorar nuestras vidas. Se dejan a un lado los riesgos ambientales maquillando estos problemas con la implementación de tecnologías, y arguyendo que no se le puede dar la espalda al progreso, que éste no se puede detener, que es para mejorar nuestras vidas y para impulsar nuestro desarrollo. Y dicho de esta manera, “riesgos ambientales”, nos llegan a parecer razonables sus “propuestas de explotación”; pero al recordar lo que realmente es la sustentabilidad, concepto que ignoran cabalmente las odiosas transnacionales y multinacionales, nos podemos dar cuenta de que las “propuestas de explotación” no son sustentables. Y, mucho menos valen la pena sus propuestas, ya que resultan ser falsas hasta sus promesas de impulso económico, y las manufacturas que producen la mayoría de estas empresas internacionales no son esenciales para mantener la especie humana sobre la tierra –y aun así las venden como pan caliente–.
Si bien esta mal no hacer nada por nuestra especie y la integridad planetaria, peor aun es creer que si se esta haciendo y ya no hay ningún problema, cuando en realidad vamos en declive con una pendiente aun mayor.
La sucia, primitiva y desconsiderada economía actual es un estorbo bastante grande para los ideales humanitarios; pero el concepto de la sustentabilidad ecológica –y por ende social- es bastante solido y convincente, ya que se trata de nuestro futuro, el de nuestro seres amados y de la biodiversidad. La sustentabilidad es una promesa falsa y vil dicha desde la industria y la economía –al menos hasta éste momento-, pero en cambio, una hermosa y agradable propuesta dicha desde la ecología, que aun cree que las flores, los animales y el hombre pueden caber todos en un mismo planeta.